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Zaragoza

Se ha suicidado un joven, que iba desnudo en la fuente de la plaza Roma de Zaragoza, tras apuñalarse varias veces.

La Policía Nacional detiene en Alicante al presunto autor de la agresión a un inspector de policía en Zaragoza. A juicio de los investigadores, pretendía huir del país.

La víctima -de nacionalidad rumana- llegó a España con la promesa de un trabajo digno para luego ser obligada, mediante el uso de la violencia física, a ejercer la prostitución para saldar la deuda contraída con el grupo criminal. Fruto de las relaciones sexuales a las que era forzada, la mujer dio a luz un bebé que fue utilizado por el grupo para extorsionar a clientes habituales por sumas de hasta 25.000 euros.

El barrio de Torrero de la capital aragonesa aún no se ha repuesto del suceso que ha tenido lugar en sus calles este mismo lunes. Un hombre ha agredido a su exmujer con un arma blanca en la vía pública y después se ha quitado la vida.

Dos varones han sido detenidos como presuntos autores de una agresión con arma blanca a otra persona, en el Casco Histórico de la capital aragonesa, según ha informado la Jefatura Superior de Policía de Aragón. El lesionado permanece ingresado en estado grave en el Hospital Miguel Servet.
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La Sala ratifica las sentencias que consideraron probado que el acusado mató el 14 de diciembre de 2018, a un transportista con quien se había citado por una aplicación telefónica para mantener relaciones sexuales, al que propinó 21 martillazos en la cabeza y la cara.

Finalmente, la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Zaragoza ha decidido condenar a 26 años y medio de prisión a Manuel O.L., que incendió la casa de su expareja, en la ciudad de Zaragoza, el 22 de agosto de 2017.

La Policía Local de Zaragoza encontró el pasado viernes a un hombre de 33 años deambulando por el centro de la ciudad ensangrentado.

Las víctimas eran captadas en su país de origen aprovechando su precaria situación económica y con la promesa de una vida mejor en el continente europeo. Las mujeres eran obligadas a ejercer la prostitución bajo amenazas y coacciones y vivían sometidas a un juramento vudú-juju por el que se comprometían a pagar la deuda contraída por venir a España y a no denunciar a sus explotadores ante la policía.