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Uno de los asesinos del Papa Juan Pablo I confiesa

Uno de los asesinos del Papa Juan Pablo I confiesa

martes 29 de octubre de 2019, 18:21h
41 años después de la muerte del Pontífice, uno de los mafiosos más conocidos del mundo confiesa en sus memorias que fue él quien urdió su asesinato. ¿Cómo murió Juan Pablo I? ¿Qué motivó uno de los crímenes más polémicos de nuestra historia reciente?
Uno de los asesinos del Papa Juan Pablo I confiesa

28 de septiembre de 1978. El Papa Juan Pablo I se encontraba tomando el té en el Vaticano cuando, tras varios sorbos, comenzó a encontrarse mal. Lo que parecía ser una jaqueca más, de las muchas que le daban habitualmente según su servicio, se convirtió en un sueño profundo del que nunca despertó.

El gánster detrás del asesino

Anthony Raimondi. Este es el nombre del hombre que asesinó a un Pontífice, pero no estuvo solo. Antes de explicar cómo urdió el plan, vamos a centrarnos en quién es la persona detrás del asesino de un Papa.

Estamos ante uno de los gánsteres más activos del último cuarto de siglo XX. Nueva York era su territorio, y quien no siguiera sus leyes se las tendría que ver con él y con toda la mafia de Colombo.

Nació ya con mala fama solo por ser el sobrino del mítico Lucky Luciano, a quien se le considera como el padre del crimen organizado en Estados Unidos. Con su tío como ídolo a seguir, Raimondi apuntó tan alto que hasta puso a la Iglesia Católica en jaque en una de sus ahora conocidas misiones secretas.

Valium y cianuro para acallar a Juan Pablo I, 'el breve'

El propio Raimondi ha sido el encargado de autoinculparse del asesinato del Papa Juan Pablo I, a quien él mismo denomina con cierta ironía como "el breve". Lo ha hecho a través de sus memorias, un libro al que ha titulado 'When the bullet hits the bone' ('Cuando la bala golpea el hueso', en español).

En esta autobiografía desgrana con todo lujo de detalles algunos de sus delitos más polémicos, como la muerte del Sumo Pontífice, al que dice haber drogado con Valium para, poco después, rematarlo con una solución hecha a base de cianuro.

Fue el arzobispo Paul Marcinkus, su primo, quien se puso en contacto con el conocido gánster para explicarle que el Papa iba a hacer públicos una serie de documentos a los que había conseguido acceder al asumir su mandato: un fraude financiero de casi 1.000 millones de euros en el que habrían participado varios funcionarios del Vaticano.

Marcinkus y otros representantes del Vaticano no querían tener que enfrentarse a la justicia, la de verdad y no la vaticana, que quizás no hubiese sido tan benévola como la ordinaria. Por ello, urdieron un plan para observar las rutinas de Juan Pablo I y tratar de encontrar una brecha de seguridad para poner fin a su vida y silenciar para siempre la estafa.

El propio Marcinkus preparó el té al Papá, que iba aderezado con una importante dosis de Valium. Mientras surtía efecto, Raimondi preparaba la solución a base de cianuro, la cual recogió el arzobispo para, de vuelta al Vaticano, hacérselo beber a un sedado Pontífice, que no volvería a ver nunca más la luz del día.

Pese a la gran rapidez de los servicios de emergencia, no había nada que hacer. Juan Pablo I pasaba a mejor vida solo 33 días después de haber sido proclamado Pontífice a causa de, según el parte médico oficial, un infarto agudo de miocardio.

Juan Pablo II lo sabía y "lo dejó pasar"

Pero la relación de Raimondi con la Iglesia Católica no queda ahí, ya que también habría elaborado un plan para asesinar a Juan Pablo II.

"Allí compré un boleto de ida al infierno", señala el propio gánster, y es que el nuevo Papa también habría tenido acceso a los documentos clasificados, sin embargo, fue más prudente que su antecesor, sobre todo viendo cómo había acabado.

Por ello, decidió dejarlo pasar, siendo recordado por la historia como uno de los líderes más influyentes del siglo XX, pese a que su pontificado comenzó con una pequeña gran mancha que solo los fieles, o su propio Dios, deberán valorar si le perdonan.

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