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El Caso 1

Durante doce años, Edouard Welcome ha robado a las destilerías de Estaive por un ingenioso sistema

El caso del túnel secreto

La Policía francesa busca febrilmente desde hace unos días al chófer del taxi Edouard Welcome, residente en el pueblecito galo de Estaive, al norte del vecino país.
Edouard Welcome
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Edouard Welcome

El motivo de que los gendarmes anden husmeando por todas partes para encontrarse con el citado Welcome, es que éste había conseguido sustraer de las destilerías de alcohol que se alzan frente a su casita de Estaive ingentes cantidades de espíritu. El ingenioso procedimiento de que se valía Welcome bien merece la pena de ser relatado, como muestra de lo que puede lograr la astucia humana al servicio de fines inmorales.

El túnel secreto

Las destilerías de Estaive constan de dos enormes depósitos – cisterna, donde se efectúan esas complicadas labores químicas que ponen el alcohol en disposición de ser vendido al público. Enfrente de ellas, dejando por medio la propiedad –una casa y una finca- de la señorita Dupont, Welcome construyó un garaje hace una quincena de años. Allí encerraba su taxi cuando no estaba de servicio en la ciudad.

Y un buen día, hace ya bastante tiempo, Edouard Welcome empezó a cavar pacientemente debajo de aquel garaje. Se diría que buscaba un tesoro escondido; y así era, efectivamente, aunque el tesoro pertenecía ya a otros propietarios. Construyó una galería subterránea que terminaba debajo mismo de los grandes depósitos de las cisternas. Luego instaló dos tubos: uno de cobre y otro de aluminio, que conducían el alcohol sustraído hasta su misma casa, en la que había fabricado un recipiente de cemento, que venía a ser una modesta reproducción de los gigantescos depósitos de la destilería.

Una organización delictiva

Se supone, naturalmente, que Welcome no trabajaba solo. Debía de existir forzosamente una organización que le facilitase los elementos necesarios para la construcción de tan complicado sistema de transvase. Sus cómplices, desconocidos aún por la Policía, eran los encargados de pasear el alcohol que sustraían a Bélgica, donde lo vendían a mil francos el litro. El negocio era redondo, teniendo en cuenta que la materia prima le resultaba a Welcome absolutamente gratis y que, además, no pagaba contribución industrial de ningún género.

La avaricia rompe el saco

El robo venía produciéndose desde hace doce años, por lo menos. El porqué los propietarios y encargados de la misma no se habían dado cuenta hasta ahora de la «operación Welcome» es muy simple: las diferencias de temperatura en la cisterna provoca muchas veces la absorción o evaporación del líquido. A esto es a lo que atribuían, por lo tanto, las continuas mermas en su contenido.

Pero la avaricia rompe el saco. Y en una sola vez, Welcome sustrajo la respetable cantidad de ocho mil litros de alcohol, lo que representó un descenso de siete centímetros en la gran cisterna. Aquello les pareció ya excesivo a los encargados de la destilería: iniciaron unas investigaciones y no tardaron en descubrir el pasaje secreto y el ingenioso mecanismo que terminaba en el garaje de Welcome.

Querido y respetado por sus vecinos

Cuando se quiso detener a Welcome éste había desaparecido, al darse cuenta, seguramente, de las investigaciones que estaban practicando en las destilerías «rivales». Siempre en el supuesto de que tenga varios cómplices, es natural que haya buscado refugio de alguno de ellos. Mientras tanto, la Policía ha detenido a su esposa, la cual, aunque al principio negó todo conocimiento del subterráneo, no tardó en reconocer que el paso del alcohol de la destilería a casa de su marido se venía produciendo desde hace muchos años.

Edouard Welcome era un hombre querido y respetado en la vecindad. Con su esposa y sus tres hijos formaban una familia perfecta, hacían obras de caridad y sostenían un trato afable con todos sus conocidos.

Por ello, la sorpresa del pequeño pueblo de Estaive ha sido enorme al conocer la existencia del túnel secreto. La más sorprendida y asustada ha sido la señorita Dupont, propietaria de la finca que separa la destilería del garaje de Welcome. Según ha manifestado, no le llega la camisa al cuerpo al pensar que, mientras ella dormía beatíficamente, durante años enteros se efectuaba un tráfico clandestino de alcohol por debajo de su casa.

Marcel V. Croix

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