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El Matamendigos

Por Daniel Arocas
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dnlarocasgmailcom/9/9/15
miércoles 22 de octubre de 2014, 12:32h

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Al pequeño Francisco le gustaba frecuentar el cementerio de la Almudena. Vivía muy cerca. Le atraía la muerte. No le gustaba jugar con otros niños. Sustituía el fútbol y la peonza por arrancar lápidas y meterse en los nichos, tumbarse y adoptar la postura de los muertos. Eso sí le hacía feliz.

Pasaba así muchos ratos, deseando que las madrugadas fueran eternas. Ese era el divertimento de noche. De día, a veces, se arrojaba a los coches. Después las palizas de su padre, que no entendía por qué se comportaba de aquel modo su hijo… y es que la miseria y la ignorancia no entienden de argumentos, ayudas ni psiquiatras. Tan sólo son amigas del olvido, la soledad y la oscuridad. Esa oscuridad que tanto gustaba al joven Francisco, que con 14 años desaparecía de su hogar durante días. Además de los camposantos, concurría casas abandonadas donde se masturbaba contemplando a parejas de amantes. Pero antes de volver a casa, regresaba al cementerio para alimentar su apetito sexual con los cadáveres.

En 1973, con 19 años de edad violó a una mujer, por lo que fue condenado a 11 años de prisión. Allí, en el penal, se permitía a los presos tener pájaros en sus celdas. A Francisco también le gustaban, pero muertos.

Su epitafio particular en vida, luce orgulloso en su piel la frase “Nacido para sufrir”, con él a cuestas cobra la libertad y Francisco García Escalero se hace muy amigo de las calles; mendiga junto a compañeros de indigencia. Con el dinero que obtienen compran alcohol y pastillas, el cocktail que una vez ingerido será la fórmula que abrirá la puerta mental a los infiernos para Francisco. Una “fuerza interior” se apodera de él y unas voces diabólicas le ordenan que mate.

Su primera víctima fue Paula Martínez, una prostituta que ante la negativa de ésta para mantener relaciones sexuales, Escalero le asestó varias puñaladas, la decapitó y prendió fuego. El asesino se llevó su cabeza y la arrojó a un pozo. Al cabo de un año, asesina a Juan C. B., de 50 años, con el que paseaba por el parque de las Avenidas. Lo apuñaló y aplastó el cráneo. Le seguiría, Mario R. G., de 43 años. Otra víctima fue Ángel H. V., de 45 años, le asestó un golpe en la cabeza, le cortó las yemas de los dedos y lo semidecapitó cerca de unas vías del tren.

En mayo de 1989 en un descampado de la zona de Hortaleza de Madrid, Francisco le rebanó el cuello a otro mendigo. Mientras se desangraba, le cortó el pene y se lo puso en la boca, aun con vida.

En 1990 y en fechas distintas y a otros dos indigentes les golpeó la cabeza con una piedra, les propinó varios navajazos y les extrajo varias vísceras y órganos, seccionándoles además la cabeza, para arrojar seguidamente los cuerpos al mismo pozo que tiró el cuerpo de su primera víctima.

Siguió matando hasta el 9 de septiembre de 1993, fecha en la que asesinó a su última víctima, la onceava, un compañero del Hospital Psiquiátrico Provincial en el que habían estado ingresados ambos y de donde escaparon tres días antes. Esa noche se dirigieron a su cementerio de toda la vida, el de La Almudena, donde golpeó a Víctor Luis Criado dándole muerte para después quemar el cuerpo. Al día siguiente, Francisco volvería al Hospital Psiquiátrico y confesaría lo sucedido.

Francisco García Escalero fue juzgado en 1996 y fue declarado inimputable a causa de su enfermedad mental.

Actualmente cumple una medida de seguridad en el Psiquiátrico de Fontcalent (Alicante) hasta que deje de ser un peligro social pero su rehabilitación es prácticamente imposible debido a su enfermedad mental, necrofilia y psicopatía.

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