Un juzgado de Barcelona ha respaldado el derecho de una trabajadora a faltar al trabajo por urgencias veterinarias de su mascota. La sentencia se produjo tras el despido de la mujer, quien había acumulado ausencias debido a situaciones imprevistas relacionadas con la salud de su perro, incluyendo una llamada urgente para aplicar la eutanasia. El tribunal consideró que estas ausencias eran justificadas por razones humanitarias y éticas, destacando que sería inmoral obligar al animal a sufrir hasta que la trabajadora terminara su jornada laboral. Este fallo resalta la importancia de considerar las circunstancias personales en el ámbito laboral.
El Tribunal de Instancia de Barcelona ha dado la razón a una trabajadora despedida tras ausentarse en varias ocasiones por urgencias veterinarias de su mascota. La decisión se produce en un contexto donde las relaciones laborales y las responsabilidades hacia los animales de compañía están cada vez más en el centro del debate social.
Los hechos se remontan a finales de 2024, cuando la mujer, empleada en un call center, fue despedida debido a lo que la empresa consideró como ausencias injustificadas. En total, la trabajadora faltó cuatro veces al trabajo, siendo la última ocasión especialmente crítica: recibió una llamada urgente del veterinario que le comunicaba que su perro debía ser sometido a eutanasia.
La sentencia del tribunal destaca que las ausencias no pueden ser vistas como caprichos de la trabajadora. En su argumentación, el juez subraya que estas faltas estaban motivadas por circunstancias imprevisibles y éticas. El fallo señala que sería inmoral exigir que el animal prolongara su sufrimiento hasta que la trabajadora finalizara su jornada laboral después de las 16:00 horas.
Este caso pone de relieve la creciente importancia de considerar el bienestar animal y las responsabilidades emocionales que los dueños tienen hacia sus mascotas, así como el reconocimiento legal de estas situaciones en el ámbito laboral.
El juzgado avaló la falta al trabajo de la trabajadora, considerando que sus ausencias estaban justificadas por razones humanitarias y éticas relacionadas con la salud de su mascota.
La trabajadora faltó un total de cuatro veces debido a urgencias veterinarias, siendo la última ocasión crítica, ya que se le comunicó que debía aplicarse la eutanasia a su perro.
La empresa consideró las ausencias injustificadas y procedió a despedirla disciplinariamente.
El tribunal argumentó que las ausencias no podían ser vistas como caprichosas, sino como respuestas a situaciones imprevisibles y humanitarias, destacando que sería inmoral hacer esperar a un animal en agonía hasta que la trabajadora pudiera regresar del trabajo.