EL CASO HISPANO

Cada dos horas una mujer muere en Latinoamérica por el simple hecho de serlo

Redacción | Martes 12 de noviembre de 2019
En esta ocasión ponemos el foco de atención en Latinoamérica, donde esta lacra se ha expandido como una plaga, dejando 12 mujeres sin vida cada día.

Pese a que a nuestro país solo llegan los casos más deleznables, como el de la joven de 16 años, Lucía Pérez, drogada, violada y empalada hasta la muerte en Mar de Plata (Argentina), o el de la menor colombiana de siete años, Yuliana Samboní, encontrada sin vida bajo el jacuzzi del arquitecto Rafael Uribe, quien reconoció haberla secuestrado, torturado y asesinado, estamos ante una lacra que no para de crecer en Latinoamérica.

Hay que destacar que esta región, tal y como adiverte la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (Cepal), es una de las más castigadas del planeta en cuanto a feminicidios se refiere, con 12 muertes al día, o lo que es lo mismo: cada dos horas es asesinada una mujer por el simple hecho de serlo.

El primer caso de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el tema está fechado en 2008, cuando se responsabilizó al Estado mexicano por los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez. Este caso es conocido hoy día como "Campo Algodonero", y en él se juzgó la muerte de ocho jóvenes. Solo ocho, insistimos, de las cientos que se encuentran desaparecidas en esta ciudad de México desde la década de los 90.

Los datos oficiales de muertes de mujeres por cuestión de género destacan por su ausencia en muchos países de América Latina. En Chile y Nicaragua, por ejemplo, sólo se reconoce cuando el asesinato de la mujer se produce en el marco de las relaciones interpersonales de pareja, lo que sucede en la mayoría de los casos, pero no en todos.

Sucesos tan atroces como los ataques de ácido en Colombia nos llevan a plantearnos por qué un país que ha llegado a estar a la cabeza mundial de este tipo de crímenes no pone más medidas contra una lacra silenciada en más países de los que nos gustaría reconocer.

Los expertos señalan que la solución pasa por la prevención y, sobre todo, la educación. De ahí que el movimiento #MeToo haya canalizado otros como el conocido como 'Ni una menos' que se impulsó desde Argentina y que han recogido decenas de países de todo el mundo en sororidad.

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