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La Brigada de Información desarticula una organización criminal
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La Brigada de Información desarticula una organización criminal

El caso de los sellos falsificados: «Fabricaban» pólizas de 60 y 120 pesetas

Hace pocos días, la Brigada de Información de la Jefatura Superior de Policía de Madrid ha efectuado un señalado servicio, del que, por las importantes consecuencias que ha tenido en la represión de un tipo especial de delincuencia, queremos dar a nuestros lectores un breve resumen.

Se trata de la banda de falsificadores de efectos timbrados, que ha sido desarticulada completamente merced a una inteligente y rapidísima gestión de nuestros servicios policíacos. No sólo fueron detenidos todos los componentes de la banda sino incautado el material que utilizaban para falsear timbres móviles de 60 y 120 pesetas, así como la respetable cantidad de 650.000 pesetas que todo ello representaba.

Cómo realizaban la falsificación

El cerebro director de la criminal organización era José Orcajo de Dios, un hombre robusto, de edad madura, cuya captura fue la más difícil para los agentes de la Brigada de Información, y a que el único detalle que tenían de él –revelado por sus cómplices detenidos con anterioridad- era que frecuentaba cierto bar del barrio de Argüelles. Una vez detenido Orcajo, estuvo completo el servicio y se pudo reconstruir todo lo sucedido.José Galiana

El «artista» -y un verdadero artista, a juzgar por las planchas que fabricó y de las que ofrecemos a nuestros lectores una reproducción fotográfica- era Lisardo Ricardo García González, fotograbador de oficio, quien valiéndose de cierta cantidad de papel exacto al empleado en los timbres móviles legítimos que sustrajo, había conseguido grabar sobre él un determinado número de pliegos de sellos de 60 y 120 pesetas, cuya autenticidad no hubiera sido puesta en duda por muchos expertos. Lisardo entró en contacto con José Galiana, y éste se encargó de proporcionarle una imprenta de confianza, donde podrían tirar todos los pliegos que se les antojasen. Hay que advertir que cada pliego de estos contiene cincuenta sellos, lo que eleva su valor –en el caso de las pólizas de 120 pesetas- a seis mil pesetas.

La primera pista

El confiarse a elementos ajenos a la primitiva banda, fue lo que perdió a los hábiles falsificadores. Aunque llegaron a ofrecer 600 pesetas a uno de los aprendices del mencionado taller para que guardara silencio sobre sus actividades, no pudieron impedir que llegara a oídos de la Policía este singular tejemaneje.Luis Bernardo Amorós

Lo cierto es que, muy pocas horas después de estar sobre la pista, los agentes de la Brigada de Información encargados del servicio, procedieron a la detención de Lisardo y de Galiana en una popular taberna del barrio de Lavapiés. No tardó en unirse al grupo otro de los encartados, Luis Bernardo Amorós, de oficio encuadernador, que era quien había encargado a los otros el «trabajito» que tan pocas quiebras presentaba en un principio.

En busca de los pliegos

Detenidos los principales miembros de la organización, no tardaron en confesar de plano. Pero faltaba algo muy importante: había que localizar hasta el último pliego de timbres falsificados, ya que el daño que reportarían a la Hacienda su circulación podría ser muy importante. Aunque en un principio los encartados aseguraron haberlos destruido, la Policía no se tragó fácilmente el cuento.

Efectivamente: en un registro efectuado en casa de José Galiana, se hallaron hasta 32 pliegos, cuya semejanza con los legítimos era asombrosa. Poco después, la Policía logró encontrar a uno de los repartidores que utilizaba la banda. Se trataba de Lamberto del Prado García, encargado de un céntrico café de la capital de España, quien aportó los dos pliegos que faltaban en la escrupulosa cuenta de los agentes de la Brigada de Información.

El fotograbador tuvo que separar los buenos y los falsos

Una nueva dificultad se presentaba a los investigadores policíacos. Sabían que un centenar de estos timbres falsificados se encontraban sobre un documento comercial cuyo valor ascendía a catorce millones de pesetas, y que hacían compañía a otro centenar de timbres de la misma cuantía absolutamente legítimos. Fue necesario enseñarle dicho documento a José Galiana, quien señaló uno tras otro aquellos que había salido de su plancha. Esto da idea de la perfección con que fue realizada la falsificación.

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